Hay lugares únicos, aquellos que lo son por sus características naturales, históricas o arquitectónicas y los que además, tienen un extra. Este extra, lo proporciona lo que se siente al estar en ellos. Conectar con su belleza y su grandeza, logran hacerte sentir especial y agradeces el poder contemplarlos.
La Mezquita-Catedral de Córdoba, tiene ambas características, lo que ves y lo que sientes. Se habla de su bosque de columnas, como de algo magnífico, y así es, entrar en el interior del conjunto de la Mezquita-Catedral y perderse entre sus casi mil columnas actuales, ayuda a conectar con lo bello, una forma de sobrellevar los tiempos convulsos que ahora mismo estamos viviendo.
Tempranito, al poco de abrir sus puertas al público, Jordi avanza camino del mihrab, un mihrab que como sucede en la Mezquita de Damasco, y en general en las mezquitas de al-Ándalus, está orientado al sur y no hacía La Meca.
El mihrab está decorado con mosaicos bizantinos y se realizó durante la expansión de la mezquita llevada a cabo el año 964, en tiempos de Al-Hakan II. La parte superior es extraordinaria en ornamentación, con una cúpula en forma de concha.
La primitiva mezquita se construyó sobre una basílica visigoda cristiana, que con el tiempo fue destruida, aunque sus materiales fueran reutilizados, para erigir en el año 785 la primera Mezquita Alhama de Abderraman I, así como muchos de los materiales romanos presentes en la ciudad, no olvidemos que Córdoba, Corduba, fue fundada por Claudio Marcelo entre los años 169 y 152 a.C. y fue romana hasta el siglo V d.C. cuando quedó bajo control de los visigodos.
Las puertas exteriores mantienen una pequeña abertura, por donde se cuela la luz del exterior. Las 856 columnas, (llegó a tener 1.003), de mármol, jaspe y granito, se apoyan sobre 365 arcos dobles, uno de herradura y otro de medio punto. Son característicos el color de sus segmentos, que alternan la piedra blanca con el rojo del ladrillo.
Algunas columnas fueron reutilizadas de las antiguas construcciones romanas y visigodas.
El recinto interior se divide en cinco zonas y cada una corresponde a
las ampliaciones que se fueron realizando con el paso de los
años.
En 1236, tuvo lugar la conquista cristiana de la ciudad por parte de Fernando III de Castilla.
Aquí tenemos tres imágenes exterior, interior y cúpula de la zona de la Capilla Real, que actualmente no se puede visitar.
Fue erigida y decorada en el reino de Enrique II de Trastámara, 1372, en estilo mudejar. Tiene magníficas yeserías policromadadas y en principio estaba destinada a convertirse en panteón real.
En el 1523, se inició la construcción de la catedral en el interior de la mezquita. Se tardaron dos siglos en terminarla. Este tiempo hace que se puedan observar en ella, diversos estilos artísticos como el gótico, el renacimiento y elementos decorativos barrocos y platerescos.
En relación a la construcción de las diversas zonas de la catedral, el emperador Carlos V comentó:
«Habéis destruido lo que era único en el mundo, y
habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes».
El día avanzaba y la luz del sol atravesaba las vidrieras, provocando reflejos en las paredes del interior de la Mezquita-Catedral.
Antes o después de la visita al interior de la Mezquita-Catedral, es imprescindible pasear por El patio de Los Naranjos, el antiguo patio de abluciones.
Como también lo es el ascenso por los 203 escalones de la actual Torre Campanario, antes Torre del Alminar, restaurada en varias ocasiones y a la que se puede subir desde 2014.
La Torre del campanario actual es de finales del siglo XVI y se construyó rodeando los restos del primitivo alminar, que había mandado erigir Abderraman III en el siglo X.
Para finalizar este recorrido, os muestro dos de los veinte accesos, que se encuentra en el exterior de la Mezquita-Catedral.
Texto y Fotografías: Pilar Vidal Clavería
Córdoba
6 al 10 enero 2026
Las
informaciones sobre les Flores de Bach que aparecen en los artículos de este blog
son únicamente de carácter orientativo e informativo. Cada persona
necesita un tratamiento individualizado, que debe ser prescrito por
un terapeuta floral acreditado

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