Una gran desesperanza. Aquellos que han abandonado toda creencia de que pueda hacerse algo más por ellos. Son personas que bajo persuasión, o bien por el deseo de complacer a los demás, pueden intentar distintos tipos de tratamientos, al tiempo que aseguran a cuantos hay en su entorno que albergan poca esperanza de alivio.
Los doce sanadores
Edward Bach
No te rindas, por favor, no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y el viento calle. Aún tienes fuego en el alma. Aún tienes vida en los sueños. Porqué la vida es tuya y también es tuyo el deseo. Porqué lo has querido y porqué te quiero.
Porqué hay vino y hay amor, es cierto. Porqué no hay heridas que no cure el tiempo. Abrir las puertas. Correr los cerrojos. Abandonar las murallas que te protegieron. Vivir la vida y aceptar el reto. Recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas y volver a intentarlo.
Celebrar la vida y retomar los cielos. No te rindas, por favor, no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y el viento calle. Aún tienes fuego en el alma. Aún tienes vida en los sueños. Porqué cada día es un nuevo comienzo. Porqué esta es la hora y el mejor momento. Porqué no estas solo, porqué yo te quiero.
Mario Benedetti
Cuando las cosas vayan mal
como suele ocurrir,
cuando tu camino te ofrezca
solo pendientes para subir,
cuando tengas poco en el haber
pero mucho por pagar,
y necesites sonreír
aunque tengas que llorar,
quizás hayas de descansar
pero nunca desistir.
Tras las sombras de las dudas
plateadas, ombrívolas,
puede surgir el triunfo,
no el fracaso que temías,
y no se le permite a tu ignorancia
imaginarse lo cerca
que puede estar el bien que anhelas
y que consideras tan lejano;
lucha, entonces, aunque en el
combate sufras.
Cuando todo esté peor,
más hemos de insistir
Por larga que sea la noche siempre tendrá un mañana
que a los setenta años, por ejemplo,
si fuera necesario plantarías olivos
sin pensar que algún día serán para tus hijos;
debes hacerlo, amigo, debes hacerlo,
no porque, aunque la temas, no creas en la muerte,
Nazim Hikmet
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Añadido después de la publicación en la revista Sedibac, lo he encontrado también como las citas anteriores, relacionado con Gorse, por que lo incluyo en esta entrada del blog (11-9-2026)
Kafka en la playa, de Haruki Murakami
Hay veces en que el destino es como una tormenta de arena muy pequeña que no para de cambiar de dirección. Tú intentas evitarla, pero la tormenta te sigue. Vuelves a cambiar de dirección, pero la tormenta hace lo mismo que tú. Esto se repite una y otra vez, como si fuera una ominosa danza con la muerte justo antes de la alba. Y esto es así porque esta tormenta no es una cosa que haya venido de lejos y que no tenga ninguna relación contigo. La tormenta eres tú. Algo que hay dentro de ti. Por lo tanto, lo único que puedes hacer es admitirlo, entrar de pleno, cerrar los ojos y taparte las orejas porque no te entre arena, y avanzar paso a paso hasta salir. Dentro de la tormenta no hay ni sol, ni luna, ni dirección, y a veces ni siquiera existe el tiempo tal como lo entendemos. Lo único que hay es una arena blanca y fina, como de huesos pulverizados, que llena el cielo. Te tienes que imaginar una tormenta de arena así.
Y no hay que decir que saldrás. Dejarás atrás esta violenta tormenta simbólica y metafísica. Ahora bien, por muy simbólica y metafísica que sea, esta tormenta es capaz de cortar la carne como mil hojas de afeitar muy afiladas. Las gente sangrará, y tú también. Será una sangre caliente y roja. Y tú la tomarás con las manos. Tanto la tuya como la de los otros.
Y cuando la tormenta se acabe, no sabrás cómo te has salido ni como has podido sobrevivir. Ni siquiera sabrás del cierto si se ha acabado. Pero una cosa es segura: cuando salgas no serás el mismo que entró. Este es el sentido de la tormenta de arena.




















































