miércoles, 27 de febrero de 2019

Reflexiones sobre Impatiens

 Impatiens fue el primero de los remedios florales, que descubrió el doctor Edward Bach (1886-1936) en septiembre de 1928, en las orillas del río Usk, cerca de Crickhowell, en Gales, un remedio que continúa 90 años después de su descubrimiento totalmente vigente y no sólo vigente sino imprescindible en la sociedad actual.

Algunas reflexiones que comparto y que nos pueden ayudar a revertir el estado negativo de Impatiens, y poder desarrollar la virtud o valor que conlleva la toma de la esencia pueden ser las siguientes:


- Recordar que todos los procesos tienen su tiempo y su función

- Disfrutar de cada cosa que hacemos y no estresarse
- Reconocer que cada forma de trabajar es diferente de la propia y entenderlo

- Perdonar las diferencias de los demás
- Darse cuenta de la tensión que causa la impaciencia, el querer estar “aquí” queriendo estar “allí", la dificultad de estar en el presente queriendo estar en el futuro
 
Una historia que también quiero compartir y que auna la necesidad de la paciencia y el de aceptar el ritmo de cualquier proceso es la siguiente:

Cuenta una historia que un hombre paseaba por el campo, aburrido, sin nada qué hacer. De pronto se encontró un capullo de mariposa y decidió llevárselo a casa para distraerse un rato, viendo cómo ésta nacía. Tras veinte minutos observando la crisálida, empezó a notar cómo la mariposa luchaba para poder salir a través de un diminuto orificio.

El hombre estaba realmente excitado. Jamás había visto nacer a una mariposa. Sin embargo, pasaron las horas y allí no ocurrió nada. El cuerpo del insecto era demasiado grande, y el agujero, demasiado pequeño. Impaciente, el hombre decidió echarle una mano. Cogió unas tijeras y, tras hacer un corte lateral en la crisálida, la mariposa pudo salir sin necesidad de hacer ningún esfuerzo más.

Satisfecho de sí mismo, el hombre se quedó mirando a la mariposa, que tenía el cuerpo hinchado y las alas pequeñas, débiles y arrugadas. El hombre se quedó a su lado, esperando que en cualquier momento el cuerpo de la mariposa se contrajera y desinflara, viendo a su vez crecer y desplegar sus alas. Estaba ansioso por verla volar.

Sin embargo, debido a su ignorancia, disfrazada de bondad, aquel hombre impidió que la restricción de la abertura del capullo cumpliera con su función natural: incentivar la lucha y el esfuerzo de la mariposa, de manera que los fluidos de su cuerpo nutrieran sus alas para fortalecerlas lo suficiente antes de salir al mundo y comenzar a volar. Su impaciencia provocó que aquella mariposa muriera antes de convertirse en lo que estaba destinada a ser.

Arte urbano obra de BL2A, Figueres

Texto y Fotografía:Pilar Vidal Clavería 
  Las informaciones sobre les Flores de Bach que aparecen en los artículos de este blog son únicamente de carácter orientativo e informativo. Cada persona necesita un tratamiento individualizado, que debe ser prescrito por un terapeuta floral acreditado.



2 comentarios:

Montse dijo...

Pilar, me ha gustado mucho la historia que cuentas sobre la impaciencia y sus nefastas consecuencias.
Con el tiempo he ido apaciguando la impaciencia, no sé si a causa de los años, que calma los impulsos de juventud o lo que sea, pero me siento mucho mejor ahora, sin querer estar en todo a cada momento, sin estrés.
Un beso enorme!

Pilar Vidal Clavería dijo...

Muchas gracias Montse. Celebro que la impaciencia se haya apaciguado, sin duda que puede influenciar el paso de los años y también el aprender a vivir cada momento con serenidad, calma y sin estrés.

Un abrazo grande también para ti!!!

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