miércoles, 12 de agosto de 2009

El perrito negro

En su obra Los descubrimientos del doctor Edward Bach, Las Flores y su poder curativo, Nora Weeks nos explica que en agosto de 1936, potencializó el último de los remedios de la nueva serie, hace ahora 73 años.

Explica en su libro que el doctor Bach tenía una figura que destacaba, andando a trancos con su perro de agua Lulú, con un bastón, sin sombrero y con barba, pues se la había dejado crecer durante los últimos meses, radiando felicidad y compañerismo.

En las Obras completas del doctor Edward Bach presentadas por Julian Barnard encontramos este texto escrito por el doctor Bach en 1935:

El perrito negro

Me pregunto si Dios tenía un perrito negro,
un perrito crespo y lanudo como el mío;
con largas orejas sedosas y una nariz redonda y húmeda,
y ojos castaños y tiernos, llenos de brillo.

Estoy seguro de que si él hubiera tenido ese perrito negro,
se habría sabido, desde el principio, que él era Dios;
no se habría necesitado otra prueba de que Cristo era divino,
y hubieran adorado el suelo que él hollaba.

Me temo que no lo tenía, porque he leído
que él oraba en el jardín, solo;
pues todos sus amigos y discípulos se habían ido...
incluso Pedro, a quien llamaban piedra.

Y, oh, estoy seguro de que el perrito negro,
con un corazón tan tierno y cálido,
nunca lo hubiera dejado sufrir solo,
sino que, acurrucado bajo su brazo,
hubiera lamido, los dedos amados, crispados en agonía,
y, contando todos los favores, antes bien pérdidas
cuando se lo hubieran llevado, hubiera trotado tras él
y lo hubiera seguido en silencio a la cruz.

Jardín del Centro del doctor Bach, Mount Vernon, abril 2007
Foto: Pilar Vidal Clavería
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