viernes, 3 de julio de 2009

Responsabilidad

Ayer Elvira en su blog Flores y Palabras escribía esta frase:

-Cuando a mi mujer le dicen que detrás de un buen hombre siempre hay una gran mujer, ella les corrige diciendo: ‘Querrá decir al lado...’
Vicente Ferrer


Hoy en el Periodico de Catalunya encontramos esta entrevista con Anna Ferrer, la viuda de Vicente Ferrer

3/7/2009 Edición Impresa LA ENTREVISTA CON ANNA FERRER, VIUDA DE VICENTE FERRER

Anna Ferrer: «Vicente mostró que es posible lo imposible»

El miércoles quiso saludar a todos y cada uno de los 2.000 asistentes al funeral por su esposo que se celebró en Santa Maria del Mar. Acabó a las once de la noche.

–¿Para quién fueron las últimas palabras de su esposo?

–El 19 de marzo, al atardecer, celebramos en Anantapur el día de las mujeres que trabajan en nuestra organización. Unas 500. Tras un breve discurso mío, Vicente, pletórico, les dijo a todas: «Tomad las palabras de Anna como mis propias palabras». Aquella noche sufrió la embolia.

–Fue su testamento moral.

–Creo que sí. Él estaba muy bien. ¡Tengo fotos tan hermosas de ese día...! Luego estuvo muchas semanas inconsciente y, cuando no, apenas hablaba. Pero le conocía bien... Él me decía que todo lo que pasaba en su vida era lo mejor que le podía pasar. Si Dios quería, él quería.

–Aceptaba el destino.

–Y sé que buscó una razón para su sufrimiento, que encontró una repercusión positiva en su obra. Muchas veces yo quería preguntarle cómo se sentía, pero no me atrevía...

–¿Por qué no se atrevía?

–Temía su respuesta. Un mes y medio después de la embolia, con mucho coraje, le dije: «Vicente, ¿estás triste?» Y él, con gestos, me dijo que no. Unos días después pudo sentarse en una silla de ruedas, llegar hasta el balcón y saludar con la mano izquierda –la que podía mover– y sonreír a la gente que se agolpaba. Eso le hizo muy feliz. Pero al día siguiente sufrió una septicemia.

–En Anantapur le han despedido como a un santo.

–Cientos de miles de personas hicieron cola durante tres días para poder despedirse. Le tocaban los pies como muestra de respeto... En la India nuestras familias piensan en él como en uno de sus dioses, porque les ayudó a afrontar las injusticias.

–¿Y el Gobierno indio estuvo a la altura de las circunstancias?

–Cuando vieron la cantidad de gente que venía desde muy lejos, pagando su transporte, se les abrieron los ojos y se preguntaron: “Pero ¿quién es ese hombre?”

–¿No lo sabían?

–Todo el mundo sabía que Vicente Ferrer ayudaba a los demás, pero nunca invertimos un minuto de nuestro tiempo en hacernos propaganda. Finalmente, el Gobierno de Andhra Pradesh declaró un día de luto oficial en Anantapur. Incluso hubo salva de disparos. También aquí he podido comprobar cómo el amor que Vicente dio cada minuto de cada día de los últimos 60 años lo recibe ahora de vuelta.

–Es usted benevolente. ¿Por qué le ha enterrado lejos de la fundación?

–Bathalapalli solo está a 28 kilómetros. Hace unos años Vicente me dijo que quería descansar donde la gente, que al ver su tumba, recordara su mensaje. Así que reposa en medio de nuestras familias, en un campo hermoso, cerca del hospital, de un centro para niños discapacitados y de otro dedicado a afectados del VIH-sida. También me dijo que quería una cruz de metal.

–Una cruz austera.

–Simboliza la fuerte fe que tenía en Dios y en Jesucristo. Nunca vaciló.

–¿Cómo se vive sin Vicente Ferrer?

–He vivido 40 años al lado de una persona excepcional, muy fuerte, extraordinariamente positiva. Son muchos años. Muchos...

–Lo son.

–Yo he llorado a cubos al verle sufrir, pero ahora debo seguir su ejemplo. Él era feliz cuando yo estaba fuera, trabajando por los pueblos. No le interesaba nada que le cuidara. Así que ahora tengo la responsabilidad, o mejor, el deber, de llevar adelante su proyecto.

–¿Le quedó algún sueño pendiente?

–Durante los últimos tiempos le dio muchas vueltas a la idea de ayudar a los adultos con discapacidades mentales. A menudo las familias los abandonan, y Vicente quería un centro para acogerlos. Ahora soy yo quien le da vueltas a la idea.

–¿Y su hijo Moncho? ¿Está preparado para coger el testigo?

–Moncho nació en Anantapur y creció junto a los niños de las chozas. Sabe bien qué es la pobreza. Habla telugu e hindi, y es muy cariñoso con la gente. No es de los que necesita pasar el fin de semana en Bangalore.

–Quizá la carga sea demasiado pesada para él, para usted...

–Ni él ni yo sentimos el peso. Caminamos sobre los pasos de mi marido, con mucha humildad y con la intención de realizar lo que él quería. Y lo que quería Vicente era hacer más, ir más allá, porque siempre decía que la India era muy grande.

–¿Sabría decirme en dónde residía su apabullante carisma?

–Yo creo que en sus ojos, y en su lado espiritual, que tanto ayudó a las personas de aquí, de España, que se sentían perdidas; y en su sentido del humor, y en su práctica diaria, y en hacer creer a todos y a cada uno que eran lo más importante del mundo.

–Usted lo fue para él.

–Yo le aporté mi sentido de la organización. Pero él me mostró que es posible realizar lo imposible.

Flores en New Delhi
Foto: Pilar Vidal Clavería

2 comentarios:

Elvira dijo...

¡Qué hermoso! Es mi héroe. Un abrazo

Mirta Pagola dijo...

Gracias Pilar. Reitero lo dicho, es una maravilla la entrevista, un ejemplo a seguir, gracias por compartirla.
Abrazo de luz, Mirta

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