miércoles, 1 de abril de 2009

Los terapeutas

El domingo hice una lista de varías cosas por hacer, una de ellas era buscar definiciones para Terapia, Técnica y terapeutas, cuando hoy me encuentro en el suplemento de Cultura de La Vanguardía este artículo, con el título de Los terapeutas para algunos es casualidad, a mi me gusta recordar esta frase:

La casualidad tampoco no existe. No hay coincidencias en la vida, la doctora Kübler-Ross las llama manipulaciones divinas.

¿Cura el arte? ¿Tiene capacidades sanadoras, ya sea para quienes lo practican o para quienes lo contemplan? ¿Artistas o chamanes?

Los terapeutas

ANTONI MARÍ

Cerca del lago Mareotis, a unas pocas millas de la ciudad de Alejandría, sobre un montículo que desciende hacia el Mediterráneo, estuvo ubicada una comunidad de hombres y mujeres dedicados a la contemplación y conocidos como los terapeutas. Apenas sabemos lo que escribió Filón de Alejandría a principios de la era cristiana en su tratado De vita contemplativa; aquí describe la vida de unos individuos alejados de lo que el mundo terrenal puede ofrecerles. A pesar de esa renuncia no viven mal; no como los anacoretas del desierto, con apenas agua y pan y escondidos en cuevas y tumbas saqueadas por mercaderes.

Los terapeutas, tal como los describe Filón, no sufren la oscuridad, ni el silencio permanente, ni la presencia de las postrimerías. En la soledad, los terapeutas armonizan la vida en sociedad con el retiro; la saciedad en la comida con la frugalidad, y alternan el diálogo con el soliloquio ensimismado. Leen a Platón y Demócrito, las Sagradas Escrituras, los textos judaicos y los sábados y domingos se reúnen en un espacio común y discuten las proposiciones de las diversas doctrinas; intentan llegar al acuerdo y procuran que las contradicciones se sinteticen en una sola: la que permite la más clara visión de la mónada, de la unidad de todo; es decir, de dios.

Los diálogos y las discusiones son amenizadas por banquetes que forman parte de la liturgia que, según Filón, favorece el diálogo y la voluntad de salir de uno mismo, después de los seis días de concentración especulativa. Los terapeutas son castos, aunque la presencia de las mujeres - tan cultas y dispuestas como ellos-aligera el áspero trato masculino. Las terapéutidas interpretan alegóricamente las Escrituras para acercarlas al mundo pagano, tanto helenístico como judaico, invocan himnos, cantan y bailan, cuidan los huertos y recogen las frutas y las flores que amenizarán los encuentros semanales. Las terapéutidas, como las sacerdotisas de Isis del periodo helenístico, tienen una esmerada educación en matemáticas, filosofía, medicina, astronomía y teología mística.

Filón considera a los terapeutas, filósofos; y ofrece una clara explicación etimológico-alegórica del término: "La terapia que ejercen y profesan es mejor que la medicina que se practica en nuestras ciudades, puesto que esta cuida únicamente los cuerpos, mientras que aquella también se ocupa de las almas dominadas por graves y prácticamente incurables enfermedades, infligidas por placeres y concupiscencias, miedos, codicias, por la locura y la injusticia, y por un número infinito de disturbios mentales y vicios." La disciplina a la que libremente se someten les otorga la virtud de la profecía y de la curación espiritual y corporal, de aquí el término con el que se les conoce.

A los terapeutas lo que ciertamente les interesa es el afán por ver claro, elevarse sobre las nubes y el sol sensible, en un entorno que favorezca la felicidad perfecta: sano el cuerpo, sana el alma, sano el espíritu y fecunda y amena la naturaleza y el paisaje. "La situación geográfica de los terapeutas es óptima, tanto por la seguridad del lugar como por la temperatura de la atmósfera. Las aldeas y las casas garantizan esta seguridad. Las continuas brisas que suben del lago, que desemboca en el mar, y las olas del mar y del lago, aseguran la agradable composición del aire. Las casas son notablemente sencillas y aseguran una doble protección indispensable: contra las quemaduras del sol y contra el helor del aire."

El ideal terapeuta resulta difícil de practicar en el mundo moderno; hoy no hay lugar para la introversión radical, el primer objetivo de los terapeutas. Los fugitivos del mundo no tienen hoy otro recurso que la locura, el cuidado de un huerto ecológico, o la soledad y el silencio que exigen la práctica y la dedicación al arte, a la poesía, a la reflexión, al paro laboral o al retiro forzoso. Esta terapia, que puede colmar una existencia, muestra la actualidad del tratado De vita contemplativa de Filón de Alejandría que, a pesar de sus innumerables obstáculos, puede realizarse en los más inverosímiles lugares de nuestra vecindad e imaginación.
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